Kristallnacht: un punto de inflexión inequívoco

Henry Lowenstein

Henry Lowenstein

Mientras Henry y su padre escuchan los informes de radio sobre el asesinato del diplomático alemán Ernst vom Rath, cometido el 7 de noviembre de 1938 por Herschel Grynszpan, un joven judío polaco cuya familia ha sido deportada de Alemania, son conscientes de que habrá consecuencias para los judíos en toda Alemania. Durante la noche del 9 de noviembre y hasta el día siguiente, una tormenta de violencia antijudía estalla en Alemania, el territorio anexado de Austria y las zonas del Sudetenland (Checoslovaquia) ocupadas por los alemanes. El nombre Kristallnacht (literalmente, "noche de cristales" o la "noche de los cristales rotos") deriva de las ventanas rotas de sinagogas, hogares y negocios judíos que son saqueados y destruidos durante los pogromos. En la mañana del 10 de noviembre, el alcance total de lo que está sucediendo todavía no está claro y Henry se dirige a la escuela. A medida que avanza el día, el alcance de la violencia contra los judíos se hace evidente.

Transcripción

Henry Lowenstein: Un judío había asesinado a un integrante de la delegación alemana en la Embajada en París. Claramente era un hecho negativo. El niño judío que lo hizo no debería haberlo hecho, pero eso no viene al caso. Los nazis lo aprovecharon como una oportunidad de oro para intensificar la persecución de los judíos. Era noviembre de 1938. Recuerdo que estaba sentado con mi padre escuchando la radio. Tarde en la noche escuchamos sobre el asesinato. Grynszpan fue el judío que lo hizo, y no puedo recordar el nombre del alemán que fue asesinado, pero de todos modos, recuerdo haber escuchado que había muerto, y decir "Dios mío, ahora se las van a agarrar con nosotros". Porque era perfectamente evidente lo que se estaban preparando para hacer.

Por la mañana nos despertamos con el sonido de roturas de vidrios, gritos y ruido en la calle y vimos que circulaban camiones con tropas de asalto nazis por la calle. Y dondequiera que miraran, si suponían que era un negocio judío, rompían la ventana de la tienda, la saqueaban, arrastraban a los propietarios hasta afuera y los golpeaban. Y en el piso o en la calle pintaban con grandes letras de color rojo la palabra "judío". Eso significaba que por supuesto nadie se atrevería a entrar allí y comprar nada, lo que en esencia liquidaba el negocio.

Todo eso estaba sucediendo, y así estaban las cosas temprano en la mañana. No sabíamos, no teníamos forma de saber lo que estaba pasando en otros lugares. Realmente deliberamos si debía ir a la escuela o no. Herman, que vivía a la vuelta de la esquina, y yo decidimos que iríamos a la escuela. Fuimos en nuestras bicicletas porque no quería ir en un autobús; tenía miedo de que, si íbamos en un autobús, podríamos estar en medio de los incidentes, no teníamos control de la situación. Así que tomamos nuestras bicicletas. Por cierto, en ese momento en 1938, estábamos acostumbrados a que nos atacaran de camino a la escuela: había pandillas nazis que trataban de atraparnos. Así que cambiábamos de ruta todos los días, para no seguir el mismo camino porque teníamos miedo de que nos atacaran. De todos modos, los dos llegamos a la escuela. Al llegar vimos que había muy pocos estudiantes, y muy pocos maestros. Luego nos enteramos de que tal maestro había sido arrestado, tal otro maestro había sido arrestado, y así sucesivamente. Incendiaron tal sinagoga, ocurrió tal cosa, y otras cosas por el estilo. Nos llegó toda esta información. Cuando llegamos a la escuela serían alrededor de las 9:00 de la mañana. A las 10:30 quedó claro lo que había sucedido alrededor: el terror se había adueñado de la escuela. Los pocos maestros que estaban allí dijeron: "Miren, vayan a casa, salgan de aquí, escóndanse, hagan lo que puedan, no regresen, ni siquiera piensen en venir a la escuela hasta que sepamos más sobre lo que está sucediendo".

Una de las cosas que escuché allí fue que la sinagoga Fasanenstrasse, donde acababa de celebrar mi bar mitzvah ese verano, el verano de 1938, había sido incendiada, volada o lo que fuera, y que habían incendiado otra sinagoga a la que solía asistir, en Hauptstrasse, que era un lugar mucho más pequeño. No sé si es cierto o no, pero nos dijeron que el rabino, cuando prendieron fuego a la sinagoga, corrió adentro para tratar de salvar la Torá. Aparentemente lo obligaron a volver a entrar y murió.

"Al llegar vimos que había muy pocos estudiantes, y muy pocos maestros. Luego nos enteramos de que tal maestro había sido arrestado, tal otro maestro había sido arrestado, y así sucesivamente."

Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 11470

Vista interior de la sinagoga Fasanenstrasse en Berlín, quemada durante la Kristallnacht, 9 y 10 de noviembre de 1938. El bar mitzvah de Henry Lowenstein se celebró aquí solo unos meses antes.

Cortesía del Instituto Leo Baeck, Nueva York.

Después de enterarse de que el tío de Henry, Georg, el hermano de Max, había sido detenido en una redada nazi, los Loewenstein se reúnen con amigos y familiares en el apartamento de Georg. Se esconden aquí durante las próximas semanas, esperando que la situación en la ciudad se calme.

Retrato de la familia Loewenstein, 1940. De izquierda a derecha, de pie: Max, Alice, Marie y Georg Loewenstein. La abuela de Henry, Ernestine Loewenstein, está sentada adelante.

Cortesía de los Archivos Beck, Bibliotecas universitarias, Universidad de Denver

Transcripción

Henry Lowenstein: De todos modos, nos fuimos a casa. Llegué alrededor de las 11:00. Mi padre estaba hablando por teléfono. Nos habíamos enterado de que se habían llevado a mi tío y a su muy buen amigo, el Dr. [?] y varios otros. Supimos que iban por ahí recogiendo a todos. Por alguna razón, todavía no habían venido a nuestra casa. A nuestro apartamento. Entonces, mi padre decidió que, dadas las circunstancias, lo que debíamos hacer era salir de allí lo más rápido posible. Creíamos que, como ya se habían llevado a mi tío, no irían por segunda vez a ese apartamento.

Así que fuimos para allí. No nos atrevimos a llevar nada con nosotros para no quedar en evidencia por cargar cosas. Fuimos al apartamento de mi tío donde también vivía mi abuela. Estaban mi tía y mi abuela. Lo que decían era que habían venido y se lo habían llevado. Que estaba en pantuflas y que no pensaba salir. No le permitieron ponerse zapatos, tampoco agarrar un abrigo, aunque era noviembre y estábamos en invierno. Acababan de llevárselo. Eso era todo; no teníamos idea de dónde estaba o qué estaba pasando.

Así que nos quedamos ahí. Y luego vinieron varios parientes más. Se reunieron allí amigos y familiares. En total debía haber unas 20 personas en el apartamento. Francamente, muertos de miedo. No nos atrevimos a encender ninguna luz inusual; no queríamos hacer nada que pudiera llamar la atención. Y nos quedamos allí. Comí la comida que había, dormí en el suelo y simplemente me quedé allí.

"No nos atrevimos a encender ninguna luz inusual; no queríamos hacer nada que pudiera llamar la atención."

Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 11470

Cronología de Henry Lowenstein

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