El odio es una enfermedad

Henry Lowenstein

Jack Adler

Entre 1977 y 1978, la familia Adler vive en Skokie, Illinois. En ese momento, su tranquilo barrio de Chicago se convierte en el escenario de una batalla legal entre el pueblo y el Partido Nacional Socialista de Estados Unidos (NSPA).

El pueblo de Skokie contra el Partido Nacional Socialista de Estados Unidos

El Partido Nacional Socialista de Estados Unidos (NSPA) se fundó en 1970 como una ramificación del Partido nazi americano. Ambas organizaciones acogieron las ideas de Hitler y adoptaron la retórica, los símbolos y los uniformes del NSDAP (el partido nazi).

A finales de 1976, el NSPA presenta solicitudes para organizar una manifestación en favor del poder blanco en Skokie. Skokie tiene una comunidad judía numerosa y es el hogar de una cantidad importante de sobrevivientes del Holocausto. Los líderes del NSPA pretenden utilizar las objeciones previsibles de la comunidad para generar publicidad y promover su ideología racista.

Muchos ciudadanos judíos de Skokie, entre ellos algunos sobrevivientes de los campos nazis como Jack, se oponen ferozmente a cualquier manifestación de nazismo en su pueblo. A instancias de ellos, el consejo de Skokie solicita una orden judicial contra la manifestación y aprueba ordenanzas que evitarían eventos similares en el futuro, lo que da inicio a una batalla legal que llega hasta la Corte Suprema en el caso de El pueblo de Skokie contra el Partido Nacional Socialista de Estados Unidos.

El NSPA demanda al pueblo por violar su derecho a la libertad de expresión consagrado en la Primera Enmienda. A medida que el caso avanza en el proceso judicial, el NSPA logra contratar a la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU) para su defensa legal. Mientras que Skokie sostiene que el gobierno existe para proteger la dignidad de todos los ciudadanos, y que permitir el discurso incendiario equivale a respaldar el odio, la ACLU pone en marcha la defensa del NSPA basada en la idea de que no se debe permitir que el gobierno decida qué voces se pueden expresar y cuáles no, independientemente de que sean ofensivas.

Tras los fallos judiciales favorables para el pueblo de Skokie en primeras instancias, la ACLU decide apelar y el caso pasa a la Corte Suprema de los Estados Unidos. Finalmente, el NSPA obtiene la autorización para marchar en Skokie, pero el evento no se celebra. Sin embargo, las preguntas importantes sobre la libertad de expresión y la protección frente al discurso de odio abordadas en el caso Skokie contra NSPA siguen siendo pertinentes hoy en día.

Para Jack, el odio es una enfermedad que amenaza con destruir el tejido social. El único antídoto es el respeto.

Transcripción

Jack Adler: Discúlpeme, pero el odio es como el cáncer. Hay que detectarlo en su etapa inicial y eliminarlo. Si no lo hacemos, el odio se propaga, igual que el cáncer. Y cuando llega a cierto punto, comienza a matar. No podemos permitir que eso le ocurra a ningún grupo de personas.

Entrevistador: ¿Y cuál es la forma de detenerlo?

Jack Adler: El respeto mutuo. Todos somos iguales. Podemos vernos diferentes o venir de distintos países, pero lo que tenemos que hacer todos siempre es respetarnos mutuamente. No tenemos que querernos.

Hay muchas familias que no se llevan bien. Ni siquiera tenemos que simpatizar. Pero para que la especie humana sobreviva, será mejor que aprendamos a respetarnos entre nosotros. Solo así sobreviviremos. De lo contrario, nos destruiremos unos a otros, o habrá grupos de personas enfrentados, como hemos visto que sucede en distintas partes del mundo. Y esto ocurre 50 años después del Holocausto.

"...solo tenemos que respetarnos mutuamente. No tenemos que querernos."

Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 18433

Durante la entrevista realizada por la Fundación Shoah en 1996, Jack declaró que no tenía intención alguna de regresar a Polonia. Pero en 2011, a los 82 años, Jack se une al grupo de la Marcha de los Vivos para visitar sitios del Holocausto en Polonia junto a estudiantes de todo el mundo. Por primera vez en 67 años regresa a su país natal y visita Lodz, Pabianice y Auschwitz.

Elliot, el hijo de Jack que es cineasta y director de fotografía ganador del premio Emmy, cuenta la historia del episodio de Skokie y el inesperado regreso de Jack a Polonia en su película Surviving Skokie (2015). Acompañado por su hijo y por jóvenes estudiantes, Jack hace un recorrido por los lugares de su juventud, donde los recuerdos felices de su infancia se ven ensombrecidos por un sufrimiento y una pérdida inconcebibles.

Extracto de las memorias de Jack Adler, Y. A Holocaust Narrative:

Fuimos a la ciudad y nos paramos en la misma calle principal por la que solía ir y venir cuando era niño. Para mi sorpresa, todo seguía allí; el gueto y otros edificios seguían en pie. Me trajo algunos buenos recuerdos, como cuando la ciudad funcionaba como una unidad familiar, pero también recordé la destrucción de esa familia, de nuestras vidas y nuestra cultura. Fue difícil conciliar todas las emociones, pero lo logré. Tenía muchas ganas de visitar el edificio de apartamentos que había pertenecido a mi abuelo. Quería llamar a la que había sido mi propia puerta y presentarme. Me imaginé lo que diría.

"Hola. Mi nombre es Yacob Adler. Solía vivir aquí con mi familia antes de la guerra."

Imaginé la mirada de sorpresa en la cara del hombre o la mujer que viviera allí, con la esperanza de que me dejaran entrar y así revivir algunos de los momentos más felices de mi infancia.

[...]

Podría hablar sin parar sobre algunos de los mejores recuerdos que, evocados por los sentidos, reflotaron en Pabianice. Los aromas y sabores me llevaron nuevamente a mi infancia antes de la guerra, cuando mi madre todavía hacía cosas como esas y cuando teníamos el estómago lleno.

[...]

Luego vimos el gueto de Pabianice, donde ahora hay edificios de apartamentos y empresas. No habían reconstruido la antigua sinagoga. En el lugar donde alguna vez estuvo ahora solo hay una placa. Hay muy poca evidencia de lo que ocurrió. Hombres y mujeres viven y trabajan en las mismas habitaciones que fueron el hogar de una población judía hacinada y hambrienta. Parecía casi surrealista. Por supuesto que sucedió. Pero parecía tan poco probable estando ahí.

Es por eso que debemos recordar. Por eso tenemos que enseñar, escuchar y aprender.

Jack comienza a hablar con los estudiantes sobre sus experiencias durante la guerra en 1992. Desde entonces, ha contado su historia cientos de veces en escuelas de Colorado y, para él, se ha convertido en una forma de superar el trauma y canalizarlo para siempre. La lección más importante que transmite es la importancia del respeto para el futuro de la democracia y la humanidad.

Transcripción

Jack Adler: Es una muy buena pregunta. Y yo, como sabe, cuando me dirijo a miles de niños, a cada uno... escolares, y también grupos de las sociedad civil y religiosos, cada año, lo que me gusta decir es: "¿Cómo podemos detener el ciclo de odio, prejuicios, racismo, intolerancia, o lo que sea?" Me gustaría que conocieran mi opinión al respecto.

Como les digo a los niños, vivimos en el mejor país del mundo, los Estados Unidos de América, no cabe ninguna duda. Vivimos en una sociedad diversa. Representamos a todas las razas, nacionalidades y grupos religiosos.

Y para que podamos llevarnos bien, para sobrevivir, para poder preservar esta gran democracia para esta generación y las generaciones venideras, para mis nietos y sus hijos, y así sucesivamente, no es necesario que amemos a todos. Sé que no. Ni siquiera tenemos que simpatizar. Pero si queremos sobrevivir y preservar este magnífico país, tenemos que aprender a respetarnos mutuamente.

Debe haber un respeto mutuo por la raza, la nacionalidad, la religión o creencia que sea, siempre que sea una creencia. Es sensato. No va a lastimar a nadie.

Hay quienes me preguntan qué fue lo que aprendí desde el Holocausto. ¿Qué aprendió el mundo de lo que ocurrió? Lamentablemente, nada positivo. Si hubiéramos aprendido algo bueno, no estaríamos viendo lo que ocurre en la antigua Yugoslavia, Liberia, Somalia, Ruanda, Irlanda, Oriente Medio y Sudán. Así que no aprendimos.

Sin embargo, lo que sí aprendimos es que el odio es una enfermedad con igualdad de oportunidades. Y es mejor que sepamos cómo librarnos de eso. Necesitamos alguna medicina para curar esa enfermedad; de lo contrario, nos vamos a destruir entre nosotros.

"...el odio es una enfermedad con igualdad de oportunidades."

Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 18433

Cronología de Jack Adler

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