Dachau: una promesa que salva vidas

Marzo de 1945 - 27 de abril de 1945

Henry Lowenstein

Jack Adler

A principios de 1945, seleccionan a Jack para trasladarlo al campo principal de Dachau. Por primera vez desde que comenzó la guerra, se separa de su padre, quien permanece en Kaufering. Dachau, ubicado a unas trece millas al noroeste de Múnich, en Baviera, es el campo de concentración nazi que ha funcionado por más tiempo, ya que se estableció en los primeros meses del gobierno nazi a principios de 1933.

El campo principal de Dachau es más pequeño y la población de prisioneros es mucho más heterogénea que en los otros campos que Jack ha visto. Los prisioneros, que proceden de toda Europa, representan a casi todas las clasificaciones de prisioneros. Cada prisionero lleva una insignia triangular en el uniforme; el color indica el estado que le asignaron los nazis. Los judíos, que constituyen solo un pequeño porcentaje de los prisioneros en Dachau, usan un triángulo amarillo, con capas de otro color según corresponda, hasta formar una estrella de seis puntas.

La puerta del campo de Dachau lleva la inscripción "Arbeit macht frei", que significa "El trabajo te liberará". [Work makes you free]. En los años transcurridos desde que comenzó la guerra, ha quedado claro que el plan es que los prisioneros del sistema nazi trabajen hasta la muerte y no hasta su liberación.

Fotografía antigua, en blanco y negro, de una puerta de hierro que lleva la inscripción, "Arbeit Macht Frei" o "El trabajo te liberará."

Vista de la entrada cerrada al campo de concentración de Dachau con el letrero "Arbeit macht frei" [Work makes you free]. Entre abril y agosto de 1945. 

Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos, cortesía de Norman Coulson

Gráfico que muestra las marcas utilizadas en el campo de concentración de Dachau para señalar a los diferentes tipos de prisioneros. Las marcas son triángulos de colores colocados en los uniformes.
Gráfico de las marcas utilizadas en los campos de concentración alemanes para señalar a los prisioneros. Dachau, Alemania, 1938–1942. 

KZ Gedenkstaette Dachau (de la Enciclopedia del Holocausto del Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos) [autorización pendiente]

Transcripción

Jack Adler: El oficial al mando era un coronel de las SS y estaba a cargo del sitio de construcción y de todos los guardias, los guardias de las SS. Un día llamó a mi Kapo y le pidió que enviara a un joven para que limpiara su oficina. Como era el más joven del grupo, me eligió a mí para la tarea que era, por lejos, mucho más sencilla.

Recuerdo que, cuando entraba para hacer la tarea, lo primero que hacía era limpiar las cenizas, así no ensuciaba el piso después de barrerlo. Y entre las cenizas encontraba, cuidadosamente envueltos en papel encerado, antes de que hubiera papel de aluminio, trozos de pan y trozos de algo parecido al tocino. Él lo envolvía.

Y sabía que lo hacía para que yo pudiera encontrarlo. No lo habría tirado si no hubiera querido que lo encontrara. Y eso era como un regalo especial. Todos los días encontraba algo allí.

"Y entre las cenizas encontraba, cuidadosamente envueltos..., trozos de pan y trozos de... tocino."

Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 18433

Sin embargo, dentro de este sistema inhumano, existen rendijas de humanidad. Por un golpe de suerte, Jack se encuentra con una de estas anomalías en un comandante del campo de las SS. Un día, lo seleccionan al azar para trabajar en la oficina del comandante a cargo del sitio de construcción.

Ni Jack ni el comandante reconocen la existencia de los paquetes de comida que Jack sigue encontrando en las cenizas de la estufa cada mañana. Pero, cuando un guardia engaña a Jack al prometerle pan a cambio de azúcar y lo golpea, el comandante reacciona con compasión e incluso interviene en nombre de Jack para obligar al guardia a cumplir la promesa que hizo al joven prisionero judío.

Transcripción

Jack Adler: Los alemanes se dieron cuenta de que el fin estaba cerca. Recuerdo que, como un mes antes de que la guerra terminara, permitieron que la Cruz Roja suiza entrara en el campo principal de Dachau para distribuir paquetes de alimentos, algo parecido a un paquete de asistencia. Primero se los entregaron a los que no eran judíos. Como tenían algunos de sobra, decidieron dárselos a los prisioneros jóvenes. Yo recibí uno de esos paquetes.

Lo abrí de inmediato, saqué todo el contenido y lo puse en la cintura del pantalón para que nadie me lo robara, porque la gente se robaba la comida. Recuerdo que había sardinas, galletas y una barra de dulce. Lo comí de inmediato. Tenía todo tipo de productos no perecederos.

Y cuando nosotros... marchábamos al trabajo, íbamos en filas de cinco. Éramos unas 2,000 personas, caminábamos de ida y vuelta al trabajo. Caminábamos alrededor de una hora para ir y otra hora para volver.

La rutina diaria, incluso antes de ir al campo principal de Dachau, era así: nos despertábamos alrededor de las 5:00 de la mañana y limpiábamos los cuarteles. Teníamos que levantarnos y pasar al frente para que pasaran lista, para que nos contaran. A las 6:00 iniciábamos la marcha para ir a trabajar. Nos daban la mitad de nuestra ración diaria de comida, que era una rebanada de pan. Caminábamos durante una hora. A las 7 en punto comenzábamos a trabajar.

Al mediodía nos daban un plato de sopa. Y a las 7:00 de la noche, marchábamos de regreso durante otra hora. En el campo siempre encontraban algo para hacernos trabajar... algo ridículo, así que no nos íbamos a dormir hasta cerca de la medianoche. A las 5:00 de la mañana comenzaba la misma rutina. Ellos...

Entrevistador: ¿Cómo era la sopa? ¿Con qué la hacían?

Jack Adler: Era muy aguada. Agua, a veces verduras, tal vez papas. A veces tenía carne. [PAUSES FOR 3 SECONDS] Esa era la rutina diaria. Los que estaban demasiado débiles o estaban enfermos no llegaban a recibir la ración, porque la recibíamos nosotros. Estaba pensado para que recibiéramos parte de la ración cuando salíamos a trabajar y la otra parte cuando estábamos en el trabajo. Entonces, los que no iban a trabajar morían a los pocos días. [PAUSES FOR 3 SECONDS]

Entonces, distribuían los paquetes mientras marchábamos al trabajo, en filas de cinco. Uno de los guardias de las SS se me acercó. Y me preguntó si había recibido un paquete de comida. Le contesté: "Sí, lo recibí". Me dijo: "¿Había algo de azúcar en el paquete?" Y había una bolsa, tal vez de unas dos o tres libras. No recuerdo exactamente.

Entonces, abrió... llevaba una pequeña bolsa de lona. La abrió. Sacó lo que parecía ser la mitad de una barra de pan. Me dijo: "Si me das el azúcar, todos los días, te daré todo este pan". Y eso era como celebrar Acción de Gracias, Navidad y todas las festividades juntas. Con mucho gusto se la entregué. Y me dio el pan.

Así que, al día siguiente, como dije, marchamos al trabajo en filas de cinco. Me aseguré de estar del lado que estaba ese guardia, para que pudiera verme. Cuando pasó junto a mí, me miró. Lo miré. Y me preguntó en alemán: [NON-ENGLISH]. "¿Qué quieres?" Le dije: "Me prometiste pan todos los días. Ayer te di azúcar."

Y él... en lugar de darme el pan, se quitó el rifle que llevaba, y con la culata me golpeó tan fuerte como pudo en las costillas. Me derrumbé. Entonces, dos personas me ayudaron para que fuera a trabajar. Fui a hacer mis tareas en la oficina del oficial al mando. Cuando me incliné para limpiar las cenizas, sentí tanto dolor que no podía levantarme. [PAUSES FOR 3 SECONDS]

Y empecé a llorar. Y el oficial al mando se levantó de detrás del escritorio y se acercó a mí. Me habló en alemán: [NON-ENGLISH]"Jovencito, ¿qué te pasa, hijo mío?" Esa era la primera vez en quizás cinco años que un alemán me trataba como un ser humano. En ese momento, aunque me daba cuenta de lo que podría pasarle a un judío que informaba a un oficial superior sobre un guardia de las SS, no me importó. Le conté.

Y me dijo: "¿Qué?" Nuevamente pasaban lista y hacían el recuento antes de marchar de regreso al campo, entonces me dijo: "Cuando pasemos la lista para el recuento, señala al guardia". Me dije a mí mismo: "Es como firmar mi certificado de defunción".

Entonces, me escondí en la parte posterior del grupo de prisioneros. Hicieron el recuento. Todo estaba en orden y estábamos listos para marchar. Él dijo: "Alto." "Esperen." Avanzó fila por fila; me estaba buscando. Me vio. Me hizo pasar al frente.

Y dice: "Muéstrame al guardia. Señálalo." A regañadientes, lo hice. De regreso al campo me escondí en medio del grupo, para que el guardia no me viera. No pasó nada.

Al día siguiente, hice lo mismo. Me escondí en el medio mientras marchábamos. Y pude ver por el rabillo del ojo que el guardia estaba mirando, fila por fila. Me vio. Me llamó. Dije: "Vaya. Se viene otra golpiza, o tal vez algo peor." En su lugar, abrió la bolsa de lona y me entregó media barra de pan. No podía creerlo.

Cuando llegué al trabajo, estaba muy feliz. Eso. Entré en la oficina del oficial al mando. Antes de que cerrara la puerta, se levantó de detrás del escritorio. Dijo: "¿El guardia te dio algo de pan hoy?" Le contesté: "Sí, señor". Dijo: "Si todavía lo tienes, muéstrame cuánto". Lo hice. Se lo mostré.

Y dijo: "Todos los días, él debe darte al menos esta cantidad de pan. Si no lo hace, aunque sea un día, dímelo y me ocuparé de él."

Esto es muy importante. Como ya saben, hablo con muchos niños todos los años, miles. No quiero que crean en la culpa colectiva. Todos tenemos cosas buenas y cosas malas. Y él, a su manera, con ese pequeño acto, hizo lo correcto, en lo que a mí respecta. Me salvó la vida. Nunca habría sobrevivido sin su ayuda.

"Me prometiste pan todos los días. Ayer te di azúcar."

Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 18433

Para Jack, ese acto de bondad significa la diferencia entre la vida y la muerte. Es la primera vez en años que Jack ha sentido esa clase de bondad de alguien que no sea su padre. Tal vez es la primera vez desde que comenzó la guerra que uno de sus opresores lo trata como un ser humano. Jack reconoce que la bondad del comandante le salva la vida, pero nunca se entera de su nombre.

Transcripción

Entrevistador: El comandante del campo...

Jack Adler: Oficial al mando.

Entrevistador: ... lo acogió y le dio pan adicional y...

Jack Adler: Claramente.

Entrevistador: ... trozos de tocino y...

Jack Adler: ¿Sí?

Entrevistador: ¿Qué cree acerca de lo que estaba sucediendo allí?

Jack Adler: Bueno, ahora, unos 50 años después, he aprendido mucho sobre ese período oscuro en particular. Como dije, no creo en la culpa colectiva. No creo. Creo que nadie debería creer, de hecho.

Creo que era un ser humano respetable que quedó atrapado en esa maquinaria asesina. Cuando se enteró de lo que estaba pasando, ya era demasiado tarde. A su manera, hizo lo que sintió que podía para ayudar, a pesar de que ayudara a una sola persona: a mí. Y me salvó la vida. No hay duda de ello. En las condiciones que estaba cuando me liberaron, si no hubiera tenido el alimento que recibí antes de eso, no lo habría logrado.

Entrevistador: ¿Recuerda su nombre?

Jack Adler: No. Sé que era un... ¿Sabe algo? Cuando estaba en el hospital, pensé en él. Cuando salí, traté de encontrarlo. No sabía su nombre. No sabía nada de él, aparte de que era el jefe de los guardias en el campo de trabajo.

"Creo que era un ser humano respetable que quedó atrapado en esa maquinaria asesina."

Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 18433

A pesar del trato indigno por parte de los nazis, Jack no cree en la culpa colectiva. Cree que cada uno de nosotros tiene la capacidad tanto para hacer el bien como para hacer el mal. En esta última etapa de la guerra, la imposibilidad de una victoria nazi se hace más clara cada día. En sus memorias, Jack especula sobre las acciones del comandante. ¿Qué había motivado al comandante? ¿Solo su conciencia, o el temor a la inminente derrota de la Alemania nazi y la amenaza de represalias aliadas por las transgresiones nazis? Tal vez el aplastante totalitarismo del Estado nazi lo había obligado a abandonar su conciencia del bien y el mal, y ahora el destino cambiante de la Alemania nazi le permitió volver a calibrar su brújula moral.

Extracto de las memorias de Jack, Y. A Holocaust Narrative:

A pesar de que era un oficial nazi de alto rango, en los primeros años, entre 1942 y 1944, no habría sido lo suficientemente valiente como para defender a un niño judío de un guardia nazi por algo tan simple como una rebanada de pan. Pero el final de la guerra estaba cerca, tal vez por eso ya no tenía miedo de hacer lo correcto. Era un ser humano respetable atrapado en el movimiento nazi. Para mí, para muchos, esto es difícil de conciliar. Pero estoy seguro de que esto le sucedió a muchos alemanes. No sabían en qué se estaban metiendo y, cuando se dieron cuenta, ya era demasiado tarde para salir. Discutir o protestar significaba la muerte, y de eso estaba tan seguro como de mi herencia judía.

Cuando el teniente coronel supo que la guerra estaba llegando a su fin y se dio cuenta de que podía hacer algo humano, no dudó en hacerlo.

Me salvó la vida. Un oficial nazi me salvó la vida. Un gesto tan simple como un trozo de tocino envuelto en papel encerado y la orden dada a un guardia para que cumpliera una promesa.

Me pregunto qué le pasó a ese hombre. Tal vez fue ejecutado por crímenes contra la humanidad, como muchos de sus compañeros cuando los rusos y los estadounidenses los atraparon. Tal vez huyó a América del Sur, como hicieron otros después de la guerra... para esconderse en la selva por el resto de sus vidas. O tal vez volvió a insertarse en la población alemana, ocultando toda evidencia de su antigua profesión. No recuerdo su nombre.

Nunca lo sabré.

Si hubiera tenido la oportunidad, no habría dudado en declarar a su favor. Imagine... un judío, sobreviviente del Holocausto, hablando en favor de un miembro de las SS.

 

Cronología de Jack Adler

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