En busca de un nuevo comienzo

Henry Lowenstein

Jack Adler

En Foehrenwald, Jack encuentra un trabajo en la Administración de Socorro y Rehabilitación de las Naciones Unidas (UNRRA), donde entrega la correspondencia, hace mandados y ayuda en la oficina. Él y sus amigos hablan sobre a dónde irán cuando salgan del campo. Saben que volver a sus hogares no es una opción: sus familias han desaparecido y allí no son bienvenidos por muchos polacos. Los organizadores del campo informan a estos jóvenes huérfanos, muchos de ellos todavía niños, sobre los programas de ayuda para poder viajar a un nuevo país y conseguir familias de acogida.

Extracto de las memorias de Jack, Y. A Holocaust Narrative:

La noticia fue bien recibida pero provocaba miedo. Hasta ese momento, comenzar de nuevo no parecía ser el paso siguiente. Crecimos en países donde esperábamos desarrollarnos en el futuro. Luego, durante el Holocausto, dejamos de imaginar cómo sería el futuro. Mientras trabajábamos como esclavos [sic] doce horas al día a cambio de un plato de sopa y una fina rebanada de pan, las ideas sobre tener un hogar propio, tener una profesión y tener hijos no eran realistas. Lo que era realista era el dolor. Y el hambre. Y la tristeza. Todo el optimismo y la esperanza que tenía estaban dedicados a ver otro día, a sobrevivir un poco más.

Con la ayuda de un empleado de la oficina de UNRRA en el campo, Jack se postula para viajar a los Estados Unidos. En sus memorias, escribe: "No pasó mucho tiempo y no tuve dudas sobre mi decisión. Fueron los estadounidenses quienes me devolvieron mi libertad. No había otro lugar donde quisiera vivir."

Su solicitud para emigrar a los Estados Unidos como huérfano de guerra es aceptada. A fines de 1946, Jack viaja de Foehrenwald a Bremen. Allí, el 9 de diciembre, aborda el SS Marine Marlin con destino a Nueva York junto a otros 927 pasajeros, ansioso por encontrar una nueva vida en los Estados Unidos.

Transcripción

Jack Adler: Nos informaron... En UNRRA lo supieron primero, porque estaban a cargo de los campos de personas desplazadas. Así que nosotros... en la oficina, yo trabajé en la oficina. Y nos dijeron que Mayer, de Metro-Goldwyn-Mayer... muy pocas personas lo saben. Para venir a los Estados Unidos, había que tener un patrocinador que garantizara que uno no se convertiría en una carga para la comunidad.

Entrevistador: Eh...

Jack Adler: Metro-Goldwyn-Mayer fue patrocinador y firmó para que unos 2,000 huérfanos de guerra pudieran venir a los Estados Unidos. Yo fui uno de ellos. Muy pocas personas lo saben.

Entrevistador: ¿Y cuándo llegó?

Jack Adler: Llegué en abr... ¡abril!... el 22 de diciembre de 1946. Debería haber llegado en julio, pero hubo una huelga en el medio. Así que vinimos inmediatamente después.

Entrevistador: ¿Y cómo llegó hasta aquí?

Jack Adler: En barco. Vinimos en el SS Marine Marlin. Llegamos a Nueva York de noche. Eran como las 10 de la noche. Recuerdo que estaba oscuro, y al mirar hacia arriba, desde la parte de arriba del barco, pudimos ver... el perfil de la ciudad, las luces. Nunca habíamos visto edificios tan altos, ni nada parecido.

Tuvimos que pasar la noche en el barco. A la mañana siguiente nos dejaron salir, desembarcamos. Y yo... fuimos a la isla Ellis, por unos días. Recuerdo que en el barco, aquí, ayudé al muchacho que estaba a cargo de la cocina a preparar la mesa, a poner los platos y cubiertos. Así que, cuando desembarcamos, me dio un billete de 2 dólares, mi primer billete estadounidense.

Y cuando fuimos a la isla Ellis, tenían todo tipo de máquinas expendedoras. Había caramelos, golosinas y muchas otras cosas que no habíamos comido en un año. Así que conseguí 2 dólares en monedas de cinco centavos y compré todos los caramelos que pude. [LAUGHS]

"...me dio un billete de 2 dólares, mi primer billete estadounidense."

Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 18433

Fotografía antigua, en blanco y negro, del barco SS Marine Marlin en el muelle.

Fotografía del SS Marine Marlin, junio de 1948.

Museo Canadiense de la Inmigración en el Muelle 21 (DI2015.410.1)

Manifiesto de pasajeros del SS Marine Marlin, que navegó desde Bremen a Nueva York el 9 de diciembre de 1946. Jack es el nro. 5 con el nombre de Szlama Adler.

Archivos Arolsen, código de referencia 81650246

Extracto de las memorias de Jack, Y. A Holocaust Narrative:

En el barco, pasamos el tiempo de la mejor manera posible. Hablábamos sobre cómo serían los Estados Unidos. Algunos hablaban de Hollywood, otros de Ford y Chevy. Edificios altos y béisbol. Las conversaciones eran tan diversas como nuestros propios orígenes. Cuando no hablábamos, jugábamos a las cartas u otros juegos.

También podíamos movernos libremente, a nuestro antojo, por el barco. Vi el océano y durante días no se veía tierra en ninguna dirección. Fue abrumador y emocionante a la vez. La mayor parte del tiempo me habían privado de usar mis cinco sentidos para ninguna actividad creativa o libre. Durante años olí la muerte. Durante años vi cómo el odio paralizaba a toda una comunidad. Durante años escuché el llanto y los gritos de los condenados. Pero ahora podía respirar el aire fresco sin temor a que me golpearan con un palo de escoba con un clavo. Podía saborear el agua salada en mis labios y sonreír con absoluta libertad. Fue una verdadera aventura, pero todavía no tenía hogar ni manera de saber qué pasaría luego.

Trabajé en el comedor del barco, organizando las mesas, colocando los cubiertos, sal y pimienta y otras cosas necesarias que no lo habían sido durante muchísimo tiempo. El trabajo era sencillo, pero me dio un propósito y me mantuvo ocupado parte del tiempo durante el viaje.

[...]

Los días pasaron con relativa comodidad cuando un día los marineros nos dijeron que veríamos tierra en unas pocas horas. Era tan cierto como falso. Nos acercamos a tierra, pero no se podía ver bien. Llegamos a las afueras de Nueva York en medio de una noche nublada. No pudimos llegar a tierra porque no había nadie que nos llevara al salir del barco, así que tuvimos que esperar.

Subí desde debajo de la cubierta por una especie de escalera de metal delgado, agarrando con firmeza la barandilla, ansioso por ver lo que pudiera. Tal vez creí que vería colinas y hierba moviéndose, de color verde vivo y real. En cambio, lo que vi fue algo mucho más sorprendente. La oscuridad de la noche destacaba la magnitud gloriosa de la ciudad. Vi edificios altos e innumerables luces. Parecía la pared más alta del mundo, llena de agujeros e iluminada desde el otro lado como si fuera un farol. Estaba impresionado.

No pude dormir esa noche; en cambio, decidí quedarme en la cubierta mientras me lo permitieran.

En Nueva York, llevan a Jack y a los otros huérfanos a un hogar temporal en el Bronx. A más de un año del final de la guerra, todavía están aprendiendo a moverse con libertad, y los rascacielos y las calles bulliciosas de Nueva York no se parecen a nada que hayan visto antes. Los jóvenes sobrevivientes fueron de los primeros refugiados de guerra en llegar a los Estados Unidos y, a medida que aumenta la conciencia pública sobre los horrores de los campos, reciben visitas de ciudadanos preocupados, muchos de ellos inmigrantes anteriores que escaparon de la guerra y de un destino similar.

Jack pasa un año y medio en Nueva York. Durante ese tiempo recorre la ciudad y comienza a aprender inglés, mientras espera que le asignen una familia de acogida.

Transcripción

Entrevistador: Volviendo a la llegada a los Estados Unidos, ¿qué sintió en ese primer momento, al pisar suelo estadounidense? ¿Lo recuerda?

Jack Adler: Claro que sí. Estaba muy contento. Y fue increíble, la libertad y... la gente... Llegamos en el segundo barco después de la guerra. El primero creo que llegó en junio, y luego vendría el segundo. Pero hubo una huelga. Vinimos en diciembre.

Habitualmente la gente venía, se registraba, los fines de semana, solo para hablar con nosotros, para vernos. Escucharon mucho al respecto, y solo querían ver un testimonio vivo de lo sucedido. ¿Sabe algo? Venían centenares y se formaban en fila.

Estábamos en un campo de acogida. Era un hotel, no un campo, un área de acogida, donde esperábamos a que nos enviaran a distintos hogares. Y la gente venía, todos los fines de semana. Se formaban en fila. Y podían inscribirse. Si las personas se sentían a gusto y consideraban que no habría riesgos para el niño, registraban la salida y los visitantes podían llevarlo al cine o a dar un paseo.

Entrevistador: Y, en ese momento, ¿qué idiomas hablaba?

Jack Adler: Hablaba polaco y yidis. En ese momento en particular eran esos los únicos idiomas en los que podía comunicarme. Porque la mayoría de las personas que venían provenían de Europa, algunos habían escapado. Y estaban los judíos que hablaban la lengua judía.

"Escucharon mucho al respecto, y solo querían ver un testimonio vivo de lo sucedido."

Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 18433

Cronología de Jack Adler

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