La vida como una adolescente estadounidense
Barbara Bandler Steinmetz
Barbara está un paso más cerca de convertirse en una adolescente estadounidense en septiembre de 1951, cuando adquiere la nacionalidad estadounidense y comienza la escuela secundaria. Llega a ser animadora y capitana del equipo de natación de su escuela secundaria, convirtiéndose en una adolescente popular, ocupada y con grandes logros. Mientras está en casa, Barbara lucha por comprender a sus exigentes padres. Todos los adolescentes experimentan conflictos familiares, pero el proceso de americanización de Barbara aumenta esas tensiones. Recuerda lo siguiente: «Le dije a mi padre cuando era adolescente que era infeliz, y mi padre me contestó: “¿Eres infeliz? Tienes un techo sobre tu cabeza y comida en la mesa, ¡no tienes derecho a ser infeliz!”».
Una fotografía del anuario de la escuela secundaria de Barbara, alrededor de 1953. Barbara está delante, con un suéter de animadora de la escuela Central High.
Cortesía de Barbara Bandler Steinmetz
Transcripción
Barbara: En Nueva York, mi padre consiguió un puesto de trabajo en Detroit. Así que otra vez, ese verano en Nueva York fui a un campamento de verano. Mi madre fue a trabajar. Mi prima se fue a trabajar. Y... y terminamos en septiembre en otra ciudad, y en una nueva escuela, y con nuevos compañeros. Y de nuevo, todos vivíamos en un apartamento muy pequeño y amueblado en... en Detroit. Y empecé la escuela en Detroit. Y mi madre fue a trabajar al Centro Comunitario Judío como cocinera. Y el motivo por el que quiero mencionarlo es porque los judíos del Centro Judío no creían que ella era judía. Y recuerdo a mi madre cuando regresó a casa, y estaba en total incredulidad. Dijo que no entendía a estos judíos estadounidenses. [RÍE]. ¿Qué pensaban? Mi madre no hablaba yidis. Mis padres estaban... en... en Hungría, no todos hablaban yidis como los judíos rusos y polacos. Todos hablaban yidis. Pero los judíos húngaros no lo hacían, así que mi madre no sabía yidis. Y los judíos con los que tuvo contacto en Detroit hablaban yidis, y ellos... ellos no... nunca conocieron a un judío que no hablara yidis. Por lo tanto, ellos... [RÍE] no creían que fuera judía. Tampoco querían oír hablar de sus experiencias. Y... y la llamaban novata. Los otros judíos la llamaban novata.
Y de hecho, esa... esa ha sido la experiencia de mi madre en este país... fue que le hicieron sentir muy consciente de que era una novata, y de alguna manera u otra, no tan buena como los demás. Y para ser sincera, ella era más educada que la mayoría de ellos.
«Los demás judíos la llamaban novata».
Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 38619
Como la mayoría de los adolescentes, Barbara no puede imaginar el mundo emocional de sus padres: «me había planteado que tuvieran esta vida tan hermosa y luego tuvieran que huir para salvar sus vidas». Reconoce que su familia es diferente de las familias de sus amigos. Sus padres hablan inglés con un acento muy marcado. Sus muebles usados no combinan. Visten de forma diferente. Margit trabaja muchas horas en una época en la que se espera que las mujeres casadas sean amas de casa. «Mi madre se levantaba a las 4, nos cortaba un pomelo para que cuando nos levantáramos tuviéramos algo preparado en la mesa», recuerda Barbara «y a las 5 ya se había ido, y esperaba en la parada del autobús en el frío glacial para ir a trabajar. Pero nunca se quejó».
A su padre le costó más aceptar su condición de vida disminuida. En ocasiones, Alexander se volvió dominante en sus esfuerzos por controlar a sus hijas. Alexander prohibió a Barbara cortarse el pelo largo, a pesar de que el pelo corto estaba entonces de moda. Cuando tenía 15 años, un chico la invitó a una fiesta y ella aceptó. Mientras Barbara se preparaba, vio a su padre vistiéndose y poniéndose una corbata. «Le pregunté: “¿Vas a algún sitio?”, y me contestó: “Sí, voy a salir contigo. ¿Qué clase de padre sería si te dejara salir sola con un chico?”» Hoy Barbara se ríe al recordarlo, pero en aquel momento tuvo que rogar a su madre que convenciera a su padre para que la dejara ir sola a la fiesta. En ocasiones, Alexander preguntaba a sus hijas al final de la jornada escolar: «¿Qué han hecho ustedes para justificar su existencia?» El padre de Barbara buscaba encontrar algún sentido a lo que él y Margit habían sufrido, explica Barbara, «y mi hermana y yo éramos sus justificaciones por haber sobrevivido, por haber tenido suerte».
Transcripción
Barbara: Ella [la madre de Barbara] y mi prima [Panni] trabajaban en el Centro Judío, y mi padre trabajaba de cocinero. Y con el tiempo, después de haber sido despedido de tantos puestos de trabajo de Boston a Nueva York y luego trabajando como cocinero en Detroit, él... él es un hombre increíble. Era un hombre increíble. Sin duda se convirtió en un gran chef. Y tuvo trabajos en Detroit en los clubes de campo más prestigiosos. Él era el jefe de cocina en esos clubes de campo.
Y es... es algo asombroso que este hombre, que realmente fue de un lugar a otro, tuvo el coraje suficiente, de alguna manera u otra, para aprender algo y aprenderlo bien, y ser el mejor. En medio de todo, se rindió. Estaba en su... bueno, en 1945 cuando llegamos a este país tenía 43 años. Así que en 19... para 1950, decidió que ya no quería ser chef. Porque de nuevo, debido a la familia... y la vida familiar es muy importante para mis padres. Mi padre sentía que, como chef, trabajaba todos los días festivos, todos los fines de semana. Y de nuevo, él no trasladó a su familia por todo el mundo para no pasar tiempo con nosotras. Sus hijas estaban creciendo y él quería pasar más tiempo con nosotras.
El motivo por el que incluyo esto aquí es para compartir con ustedes la increíble determinación de este hombre. Publicó un anuncio... leyó un anuncio en el periódico para vendedores en el sector de especialidades publicitarias. No conocía nada sobre el sector de especialidades publicitarias. Pero respondió al anuncio. Y se trataba de alguien en Nueva York que estaba contratando. Y... y él... dijo que quería hacer esto. Le enviaron un montón de muestras y tenía que llamar a los clientes. Ahora bien, él no tenía antecedentes sobre qué hacer, cómo hacerlo, cómo actuar. Pero leyó todo el material. Y vaya que ese hombre se lanzó y se convirtió en vendedor. Empezó a vender publicidad especializada, y le fue bastante bien. Pero le permitió tener tiempo libre. Tenía los fines de semana y las vacaciones libres. Y él... llamaba a los clientes, y decía... decía quién era por teléfono. Y ellos respondían «bueno, yo... te reconozco por tu acento». Y mi... mi padre decía: “¿qué acento? Yo no tengo acento”. Y él era... era la persona más decidida del mundo. Era increíble.
Y mi madre comenzó a trabajar para Burroughs Adding Machine, en la cocina. Siempre trabajó en la cocina. Y luego ella enfermó del corazón y contrajo diabetes. Y por desgracia, ambos murieron muy jóvenes. Mi madre... mi padre tenía 62 años. Mi madre tenía 66. Y así ellos... ellos nunca alcanzaron los años en los que habrían disfrutado de algunos placeres de la vida. Pero dejaron un gran legado con sus hijas».
«... mi padre decía: “¿Qué acento? Yo no tengo acento”. Y era la persona más decidida del mundo».
Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 38619
Las presiones y ansiedades de la inmigración significan que sus padres también se pelean a menudo entre ellos. «Los hijos de padres inmigrantes no entienden lo duro que es», dice Barbara. Alexander trabaja todos los fines de semana, todos los días festivos, y a medida que Barbara avanza en la escuela secundaria, él decide cambiar de profesión. Solicita un trabajo como vendedor en publicidad especializada, a pesar de que no conoce en qué consiste el puesto; pronto descubre que venderá camisetas, bolígrafos, lápices y calendarios con el logotipo de una empresa. Las empresas regalan los artículos de marca como obsequios o incentivos a los clientes y empleados. Alexander prospera como vendedor gracias a su carisma natural, y pese de su marcado acento y su total falta de experiencia.
Barbara y Howard, su amor de mayor edad, comienzan una relación seria cuando ella aún está en la escuela secundaria y él en la Universidad de Míchigan en Ann Arbor. A Alexander le cae bien Howard, pero su comportamiento con el novio de su hija puede ser impredecible. Un día, Howard regresa de la universidad para visitar a Barbara mientras Alexander está sentado cerca leyendo el periódico. Howard menciona que ya no cree en Dios ni en ser judío. En ese momento, Alexander se levanta de un salto, enfurecido, toma a Howard por el cuello y lo echa de la casa. «Mi padre había pasado por todo lo que había pasado porque era judío», considera Barbara, «y aquí estaba Howard tratando de negar [su identidad], y mi padre simplemente enfureció». Aunque los Bandler no son practicantes de la religión, la familia siempre conservó un profundo respeto por su herencia judía y lamentó la destrucción del pueblo judío en el Holocausto. Para Barbara, el tiempo que vivió en los campamentos judíos de verano le ayudó a forjar una identidad y un sentimiento de comunidad judía que nunca la han abandonado.
Barbara se gradúa de la escuela secundaria en 1954, y ella y Howard hacen planes para casarse. Cuando los novios anuncian sus intenciones a los Bandler, Alexander responde: «¡Oh! Mis más sinceras felicitaciones para ustedes». Hace una dramática pausa. «Por supuesto», dice, volviéndose hacia Barbara y bajando la voz, «tu madre y yo no estaremos allí. No podríamos asistir a una boda que no aprobáramos». Las objeciones de Alexander se deben en parte a que quiere que Barbara asista a la universidad. Alexander no había recibido una educación formal, pero continúa aprendiendo durante toda su vida y toma prestados libros en varios idiomas de la biblioteca local.
Alexander recuerda con frecuencia a sus hijas lo afortunadas que son por vivir en los Estados Unidos y tener la oportunidad de asistir a la escuela. En una ocasión, reprende a los padres de una amiga de Barbara por no alentar a su hija a presentar una solicitud para la universidad. Se dirige a su casa y truena: «¡Cómo se atreven a no enviar a su hija a la universidad!» Barbara presenta su solicitud y es admitida en la Universidad de Míchigan, en Ann Arbor. (También lo es su amiga). Después de un año en Ann Arbor, Barbara se traslada a la Universidad Estatal de Wayne de Detroit, una universidad menos costosa y más cercana, donde estudia durante tres años.


