El antisemitismo en alza
Barbara Bandler Steinmetz
Conforme a las Leyes raciales, los Bandler deben abandonar Italia en un plazo de seis meses. En la primavera de 1939, Margit y Alexander empacan lo que pueden: ropa, documentos, fotografías y otros recuerdos de su encantadora vida en Lussinpiccolo, y alistan a Ann, que ahora tiene 6 años, y a Barbara, de solo 3, para emprender un viaje hacia lo desconocido. Embarcan en un ferri hacia la ciudad portuaria de Trieste, donde guardan algunas de sus maletas en un almacén. La familia planea reclamar su equipaje después de viajar a Budapest, pero nunca pueden regresar a suelo italiano para reclamar sus pertenencias. Más de 80 años después, Barbara aún conserva las llaves del almacén con sus maletas abandonadas.
Llaves que Alexander Bandler se llevó consigo cuando él y su familia huyeron de Lussinpiccolo en 1939.
Cortesía de Barbara Bandler Steinmetz
Transcripción
Barbara: Estuve en Italia aproximadamente tres años. Nos marchamos de Italia. Todavía estábamos en Trieste en 1939. El 1 de septiembre de 1938, hubo... Mussolini tuvo que cumplir con la exigencia de Hitler de eliminar a los judíos de Italia. Y entonces se emitió una proclamación por la cual todos los judíos que no hubieran nacido en Italia después de... que hubieran nacido en Italia... lo siento... que no hubieran nacido en Italia antes de 1900 debían abandonar el país. Así que mis padres tuvieron que desalojar el hotel y abandonar el país.
Nosotros... mi padre estaba muy informado sobre lo que ocurría en Europa, en parte porque había muchos huéspedes allí. Siempre le interesó mucho la política y se mantenía muy al día de lo que ocurría en el mundo. Y desde las leyes de Núremberg y desde... y desde La noche de los cristales rotos (Kristallnacht), tuvo una premonición de lo que ocurría en Europa y de lo que iba a ocurrir. Así que empezó a buscar otros lugares para su familia antes de que partiéramos de Italia. Y empezó a escribir cartas. Empezó a preguntar a los huéspedes extranjeros si podríamos entrar en sus países. Así que cuando nos fuimos de Italia, no solo no fue una sorpresa para mi padre, sino que ya estaba organizando todo para que nos fuéramos a otro sitio. El problema, por supuesto, en Europa, era ¿a dónde ir? Pero tuvimos que... tuvimos que abandonar Italia. Tuvimos que empacar todas nuestras pertenencias y guardarlas en depósitos... en un depósito de Trieste, porque, por supuesto, solo podíamos viajar con aquello que podíamos transportar fácilmente.
«Tuvimos que empacar todas nuestras pertenencias y dejarlas en depósitos... en un depósito de Trieste, porque, por supuesto, solo podíamos viajar con aquello que podíamos transportar fácilmente».
Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 38619
Transcripción
Barbara: Así que nos fuimos de Italia alrededor de 19... bueno, en 1939, a principios de 1939. En marzo o abril de 1939, todavía estábamos en Trieste. Pero ese otoño, ese verano y ese otoño, regresamos a Hungría después de dejar Italia. Pasamos... mi hermana, mi madre y yo pasamos el verano en Hungría con nuestra familia, despidiéndonos y creo que intentando averiguar qué íbamos a hacer a continuación. Mi padre intentaba convencer a los miembros de su familia de que era el momento de que todos se marcharan, que en 1938, en 1939, la situación era realmente inminente. Habían invadido Polonia. El panorama no era favorable para el pueblo judío. Pero los judíos húngaros habían vivido muy cómodamente en Hungría durante mucho tiempo y se sentían muy a gusto con los vecinos no judíos. Y no podían creer que en un país donde eran relativamente aceptados y libres, se vieran amenazados. Mis padres proceden de familias bastante numerosas, sobre todo mi padre. Su... él era... su madre provenía de una familia de 14, así que había un montón de tías y tíos y primos por todas partes. Por eso creo que dedicaron ese verano a intentar convencer a la familia de que se marcharan, pero fue en vano.
Las personas parecían sentir que estaba demasiado alarmado por lo que iba a suceder. Ellos, después de todo, tenían sus hogares. Tenían sus pertenencias. Tenían su encaje y su terciopelo y sus ropas y sus pertenencias, y estaban muy apegados a estas. Y ellos... a menos que la amenaza fuera realmente inminente, no querían dejarlos. Mi padre tenía una visión muy distinta, y fue algo que nos inculcó durante todos los años que vivió: que los objetos no eran importantes. Lo importante eran las personas. Lo único que de verdad importa es lo que uno lleva en el cerebro y en el corazón. Y eso es totalmente transportable. Y fue algo de lo que se hablaba siempre, porque mis padres se fueron de Italia, y, parecía, desde nuestro punto de vista, que lo habían hecho con facilidad. Estoy segura de que debe haber sido muy doloroso para ellos.
«Por eso creo que dedicaron ese verano a intentar convencer a la familia de que se marcharan, pero fue en vano».
Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 38619
Los padres de Barbara, ahora sin hogar, fueron testigos de primera mano en Italia de cómo una vida cómoda podía verse arruinada por la retórica antisemita y los decretos nacionalistas de derecha. En Budapest, los Bandler instan a sus familiares a marcharse, pues temen que la alianza de Hungría con la Alemania nazi pronto traiga la devastación a la numerosa población judía del país. Desde la desaparición del Imperio Austrohúngaro tras la Primera Guerra Mundial, un creciente movimiento nacionalista y fascista gana terreno en Hungría.
Pero a pesar de una historia de antisemitismo profundamente arraigada en su país natal, la familia de Alexander y Margit no puede imaginar que ellos también pueden ser víctimas de persecuciones y violencia a manos de sus conciudadanos húngaros. Sin embargo, los Bandler están convencidos de que no pueden permanecer en Hungría a salvo.
En el verano de 1939 parten de nuevo hacia Niza, una gran ciudad portuaria del sur de Francia que no ha caído ante la maquinaria militar nazi e italiana. Aquí están a salvo, al menos de forma temporal.
La familia se aloja en un apartamento situado en 16 Avenue Georges Clemenceau, en pleno centro de la ciudad. Como la mayoría de los refugiados, carecen de las visas de trabajo adecuadas, pero en medio del caos de la época, Alexander consigue empleo en un restaurante y Margit en la cocina de un hospital. Las jóvenes Barbara y Ann asisten a una escuela alemana en Niza durante parte del día, pero a menudo se quedan solas en el apartamento mientras sus padres trabajan largas horas para mantener una vida de fugitivos.
Recibo expedido al Sr. Bandler en Niza por el pago de la cuota de inscripción en la organización de asistencia a los refugiados (Comité d'assistance aux réfugiés), el 21 de febrero de 1940.
Cortesía de Barbara Bandler Steinmetz
Carta de confirmación de la inscripción de Barbara en la escuela primaria Ecole Primaire de Sainte Helene Maternelle, ciudad de Niza, con fecha del 21 de diciembre de 1939.
Cortesía de Barbara Bandler Steinmetz
Traducción
Instituto de Conciencia sobre el Holocausto
Ciudad de Niza
Niza, 21 de diciembre de 1939
Escuela primaria Sainte Hélène Maternelle
La abajo firmante, Madame Estève, directora de la escuela Maternelle Sainte Hélène, certifica que la pequeña Barbara Bandler, de 6 años, asiste actualmente a nuestra escuela primaria.
M. Estève
Dispensario de prendas de vestir
8 rue Hôtel des Postes
Alemania invade los Países Bajos, Bélgica y Francia en mayo de 1940. El 25 de junio de ese año, Francia se rinde ante los nazis. De acuerdo con los términos del armisticio, el sur y el este del país permanecerán desocupados, pero serán gobernados por un gobierno colaboracionista conocido como régimen de Vichy, nombre de la ciudad de Vichy donde se encuentra su sede.
Incluso después del armisticio, la guerra está muy presente en Niza, que forma parte de la Francia de Vichy, gracias a los frecuentes enfrentamientos entre las fuerzas alemanas e italianas y las Fuerzas Francesas Libres en la ciudad y sus alrededores. A Barbara le enseñan a tomarse de la mano de su hermana mayor, a esconderse debajo de la robusta mesa de cocina y a alejarse de las ventanas cada vez que suenan las sirenas antiaéreas.
Las niñas están aterrorizadas por las explosiones de las bombas, pero su madre, Margit, será la más afectada. Cuando los bombarderos italianos asaltan el hospital donde trabaja, las ondas de choque derriban una olla de agua hirviendo sobre Margit, que intenta refugiarse. El líquido hirviendo cae sobre ella y le provoca quemaduras de tercer grado.
Durante el periodo de entreguerras, Francia había recibido con agrado a los inmigrantes judíos, muchos de ellos procedentes de Europa del Este. Pero con la llegada de un flujo cada vez mayor de refugiados judíos procedentes de la Alemania nazi a finales de la década de 1930, el gobierno francés comienza a endurecer sus políticas de inmigración. Cuando los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Francia son invadidos por las fuerzas alemanas en mayo de 1940, aproximadamente la mitad de unos 350,000 judíos que viven en Francia son ciudadanos extranjeros. Francia se rinde ante Alemania el 22 de junio de 1940 y un gobierno colaboracionista y afín a los nazis, conocido como el régimen de Vichy, asume el control de la parte sudeste del país, que permanece desocupada. El gobierno de Vichy adopta pronto la política nazi contra los judíos y, en octubre, aprueba una serie de leyes antisemitas. Una de estas leyes permite el internamiento inmediato de los judíos extranjeros en Francia.
Poco más de un año después de que los Bandler fueran expulsados de Italia por ser judíos extranjeros, se enfrentan a una amenaza similar, aunque más ominosa. A pesar de las dolorosas heridas de Margit, la amenaza constante del avance de las fuerzas del Eje convence a Alexander de que su familia debe huir una vez más.
Transcripción
Barbara: Cuando vivíamos en Niza, tanto mi madre como mi padre trabajaban. Creo que mi madre trabajaba en una especie de cocina de una agencia judía. Uno de los aspectos que quizá le interese conocer de mi madre es que era una mujer muy culta. Cuando era joven, se graduó de la escuela secundaria a los 17 años. Y asistió a la universidad, lo cual era inusual, en 1917, que una mujer judía europea asistiera a la escuela. Tenía su propio apartamento. Y obtuvo un título en química. Era química y farmacóloga, y antes de casarse con mi padre, trabajaba como farmacóloga. Así que era..., era una mujer profesional. Y aquí estaba ahora, en Niza y trabajaba en una cocina. Sufrió una experiencia desafortunada. Se le cayó encima una olla de agua hirviendo. Tuvo quemaduras graves de tercer grado en las piernas. Y fue hospitalizada durante un largo periodo de tiempo.
Mi padre intentó cuidar de nosotras. Éramos muy pequeñas. Y a menudo nos quedábamos solas porque tanto mi padre como mi madre trabajaban. Y Tetsi, que era nuestra niñera, aunque también vino a Niza, también tuvo que ir a trabajar. Quiero decir, no había... no había dinero. No teníamos dinero para llevar. Así que todos tenían que trabajar. Y mi hermana y yo a menudo nos quedábamos solas.
En aquellos tiempos, la situación era muy aterradora porque era el comienzo de la invasión de Italia. Y había ataques aéreos diarios sobre Niza. Y mi hermana y yo oíamos los aviones. No sabíamos qué hacer. Estábamos asustadas.
Así que nos sentábamos debajo de la mesa, porque parecía que recordábamos que nuestros padres nos decían que siempre había que esconderse debajo de algo cuando se oía un ataque aéreo. Así que nos metíamos debajo de la mesa. Y a menudo, cuando mi padre regresaba a casa, nos encontraba allí.
«Uno de los aspectos que quizá le interese conocer de mi madre es que era una mujer muy culta».
Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 38619



