Vista al frente
Barbara Bandler Steinmetz
Al final del año escolar de 1947, Barbara y Ann se van de nuevo a un campamento de verano judío. Dos meses después, Margit y Alexander las recogen y se mudan a otra nueva ciudad: Detroit. Los Bandler solo pueden permitirse alquilar un apartamento de una habitación, pero Alexander ha conseguido un trabajo en un club nocturno que le promete un medio de vida mejor. Margit encuentra trabajo en la cafetería del Centro Comunitario Judío, donde trabaja junto a su sobrina, Panni. Todos los miembros de la familia contribuyen para apoyarse mutuamente. Barbara asiste a la escuela en Detroit con su hermana y cada tarde, a la salida, toma un tranvía para reunirse con su madre y su prima y ayudarlas en el trabajo. Alexander prospera y consigue una serie de puestos mejor remunerados en el sector de la hotelería. Margit finalmente encuentra trabajo en una empresa farmacéutica... donde trabaja en la cocina. La afluencia de soldados desmovilizados se combina con las actitudes chovinistas para excluir a muchas mujeres de las carreras profesionales a pesar de su formación académica, aunque las dificultades de Margit con el inglés también obstaculizan sus esfuerzos por retomar su profesión de farmacéutica.
Mientras los Bandler mejoran progresivamente su fortuna en los EE. UU., la suerte de Sosúa decae a lo largo de la posguerra. En 1948, apenas quedan 275 colonos en Sosúa, que en su día albergó a muchos cientos más de refugiados. El experimento de la Asociación de Asentamientos de la República Dominicana (DORSA) durante el régimen de Trujillo nunca llegaría a convertirse en un asentamiento agrícola rentable, aunque durante décadas floreció allí una exitosa cooperativa lechera fundada por inmigrantes judíos. El reinado de Trujillo se torna notoriamente sangriento a lo largo de la década de 1950, aunque esta represión no se deja sentir en Sosúa. Sin embargo, los disturbios políticos, los problemas económicos y los escándalos asolan el gobierno del general. En mayo de 1961, el asediado dictador es asesinado por un grupo de conspiradores que le tienden una emboscada en su coche Chevrolet Bel Air de color turquesa. La muerte de Trujillo desencadena un periodo de inestabilidad política en la República Dominicana que impulsa a muchos de los pocos residentes judíos que permanecen allí a emigrar.
Los inmigrantes que abandonaron Sosúa mantuvieron, con frecuencia, un estrecho contacto a lo largo de los años. Los padres de Barbara, sin embargo, sienten poca nostalgia por las penurias que soportaron en el refugio caribeño. Están demasiado centrados en abrirse camino en los Estados Unidos, un país que les ha brindado oportunidades. «Este es el país que les dio un hogar», dice Alexander a su mujer y a sus hijas, «¡esta es la tierra que las abrazó!».
Y Barbara está decidida a convertirse en toda una ciudadana estadounidense. Conoce a su futuro marido, Howard Steinmetz, en un campamento de verano judío cuando ella solo tiene 14 años y él 18. «Iba por ahí con la lengua fuera», recuerda, «y él pensaba que yo era una niña inmigrante muy linda». Su amistad, a pesar de la diferencia de edad, hace que Barbara se sienta estadounidense por primera vez.
Transcripción
Barbara: En 1950 [sic: 1990], oímos que iba a haber una reunión en Sosúa. Así que mi hermana y yo decidimos que era un buen momento para regresar y descubrir cómo estaba nuestra vida, dónde la habíamos dejado, y renovar amistades, y simplemente... regresar y retomar algunos pedazos de esa vida. Y así, en junio de 1990, fuimos a la reunión número 50. Había... quedan muy pocos judíos en Sosúa.
[...]
Quieren asegurarse de que el mundo recuerde que Sosúa desempeñó un papel muy importante al salvar la vida de esos pocos cientos de judíos. Desafortunadamente, podría haber salvado la vida de 100,000 judíos, pero es evidente que no pudo ser. Pero debemos nuestras vidas al hecho de que Sosúa exista. Y por eso este museo lo conmemora. Durante esta conmemoración, el jefe del gobierno fue invitado al servicio de Sabbat que celebramos. Y en ese momento, las personas se levantaron para [PAUSA DURANTE 3 SEGUNDOS] hablar de su gratitud al país por abrir sus puertas, que este pequeño país del Caribe, insignificante, que parecía un pequeño país insignificante del que nadie había oído hablar antes, abriera sus puertas y salvara a estas personas. Y no hay uno de ellos que no esté enormemente agradecido al... al gobierno de la República Dominicana por salvarles la vida.
También volvimos a Jarabacoa. Fuimos... bueno, caminamos... recorrimos Sosúa. Y la escuela, la Escuela de Cristóbal Colon aún funciona, es una escuela en funcionamiento, y en su mayoría para niños dominicanos. Pero todavía es apoyada por la comunidad judía de Sosúa. También... volvimos al colegio católico donde yo estudié, a La Escuela de Inmaculada Concepción. Y sigue... sigue ahí. Es... se ha ampliado. Pero ya no es una escuela. Ahora es solo un lugar para... para que asistan las monjas. Pero todo lo que recordábamos aún está allí. La iglesia sigue ahí. Y la gruta sigue ahí. Una experiencia... que... que recuerdo tan claramente cuando era niña allí. Mi madre vino a visitarnos una vez. Y debió de ser por la época de las Altas Fiestas. Y como ya he dicho, obviamente no celebrábamos las Altas Fiestas porque vivíamos en un pueblecito remoto. Y mi madre vino a visitarnos. Y dijo que quería ir a la iglesia. Y yo le pregunté, ¿por qué quieres ir a la iglesia? Y ella respondió que necesitaba... sentía que necesitaba estar en una casa de oración y que no importaba realmente qué casa de oración fuera. Y fue... fue algo que yo... que recuerdo por completo. Y sabe, es probable que sea otra cosa que nos une al judaísmo, que cuando estás totalmente aislado de tu pueblo, eso es... es como si te cortaran el brazo. Y seguramente fue así como se sintieron mis padres en Jarabacoa, totalmente separados de su pueblo. Y es probable que ese fuera otro motivo por el que quisieron venir a los Estados Unidos, porque tenemos un motivo y una necesidad de estar juntos, de tener un sentimiento de Klal Yisrael, de estar juntos con el pueblo de Israel.
«...las personas se levantaron para hablar de su gratitud al país por abrir sus puertas, que este pequeño país del Caribe, insignificante, que parecía un pequeño país insignificante del que nadie había oído hablar antes, abriera sus puertas y salvara a estas personas».
Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 38619